Historias de perros

Roma

16/04/2021

La historia de Roma es como la de tantos otros podencos rescatados, pero un poco especial. Su mamá estudiaba para técnico de veterinaria y ya había terminado la parte teórica, ahora tocaba realizar la parte práctica. Siempre adoró a los animales, hemos tenido mucha especies, todos adoptado.

El primer día de prácticas en la clínica, apareció una podenca de 3 meses. Era podenca y hembra, la habían encontrado tirada dentro de un contenedor de basura en un pueblo a las afueras de la ciudad.

El operario que la encontró tenía 3 perros rescatados, y siempre miraba en la basura antes de lanzar el contenedor al camión que tritura la basura. Allí estaba Roma, intentando subir con las patitas, sucia, llena de líquido de basura, pero despierta y moviendo su cola. Él la sacó, se la llevó y la bañó. La llevó a la clínica a ver qué tal estaba, algo no iba bien.

Cuando el veterinario le hizo la revisión y las analíticas, vió que era sorda, no oía golpes fuertes, se tambaleaba al andar, no tenía bien el equilibrio y movía muchísimo la cabeza. Determinó que podría haber tenido moquillo y que le quedaron esas secuelas.

Cuando apareció en la consulta, su mamá se enamoró, le hizo fotos y envió un mensaje diciendo: ¨me he enamorado¨, ¨mamá, yo la quiero¨… fue amor a primera vista, ya no pudo olvidarla y esperaba que apareciera cualquier día por la consulta para verla.

Su familia fue a la clínica a conocerla y a hablar con el veterinario para ver cuál sería su evolución. No lo sabía, nadie lo sabía. Ni siquiera sabían qué le había sucedido. Lo que estaba claro es que ya no era válida para cazar, estaba sorda y con daño neurológico, y lo mejor que hicieron fue tirarla dentro de la basura.

A los 15 días, estaba en casa, partiendo de cero, sin vacunas, sin pruebas. Se le hizo un tac para evaluar el daño cerebral, para ver si había sido golpeada. El tac salió bien, con lo cual se supo que fue el moquillo y el no estar vacunada a su tiempo contra él, lo que hizo que quedara con daño neurológico para siempre. Comenzamos con las vacunas, las analíticas y entrenamiento para que entendiera mediante señales, no oía.

Le pusimos de nombre Roma porque nos recordaba mucho a la ciudad, estaba llena de «ruinas» pero era una belleza, arte.

Desde entonces, todo ha sido un aprendizaje, para ella y para nosotros. Hemos aprendido a comunicarnos naturalmente y sin esfuerzo. Ella sola aprendió y pedía hacer sus necesidades fuera de casa. Como todos los podencos, era y es, puro nervio. Además, los perros sordos son también más nerviosos, y su daño neurológico unido al maltrato que sufrió en sus tres meses, le hacen estar en alerta y gestionar las cosas distintas, pero con amor y paciencia, se ha convertido en una perra con una vida plena y totalmente normal. Tiene su medicación y vive como cualquier otro perro.

Cuando la recogí de la clínica, me propuse hacer de ella un ejemplo de superación, de concienciación, de que los podencos son una raza preciosa, muy adoptada fuera de nuestro país, y que por estar relacionada con la caza, no deja de ser una raza tan valiosa como otra cualquiera.

Quise promover la adopción y no la compra de estos perros y además visualizar que, aunque un animal tenga problemas, pueden llevar una vida normal, solo hay que conocer bien cada caso y respetar sus necesidades.

Roma adora el mar, es muy sociable con otros perros, es muy conocida en nuestro vecindario, todos la saludan y ella se deshace dando saltos y moviendo su colita para que la gente la acaricie.

Personalmente, me llena de orgullo cuando me felicitan por la labor que hicimos y hacemos e incluso me dan las gracias…

Nosotros seguimos ayudando a podencos, en rescates, buscando acogidas y concienciando acerca de lo positivo y enriquecedor que es adoptar a un podenco.

El podenco proviene del Antiguo Egipto, eran mascotas de faraones y reinas. En mi casa, la reina es Roma…

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