Historias de perros

Malko

14/08/2020

Esta es la historia de mi perro Malko, un Akita Inu (una raza ancestral japonesa) de 10 años de edad. Malko fue el primer cachorro de mi primera perrita, Akita, y mi segundo perro, Starsky. Yo mismo estuve presente en el parto de Malko, y pude ser la primera persona humana a la que vio. Nada mas nacer ya destacaba entre sus hermanos y hermanas, siendo el único con un pelaje de tres colores, mientras que los demás eran pelirrojos como su padre. 

Aunque fue un cachorro fuerte y sano, creció demasiado rápido, sin dar a sus músculos el tiempo suficiente a que se desarrollaran a la misma velocidad que sus huesos, creándole así problemas en las patas. Esto hizo que necesitaran operarlo muy joven, y debido a ello, nunca fue adoptado. Yo quise quedarme con él, pero teníamos problemas de espacio en casa de mi padre, mientras que mi madre sufría de asma y le preocupaba que un perro le hiciera peor. A pesar de ello, decidí atarle un gran lazo y llevarle a mi madre como sorpresa. Cuando mi madre vio a Malko, le fue imposible negarse y conseguí que se quedara.

La raza Akita Inu es una raza de perros muy especial, que destaca por su lealtad incomparable. Dicen que eran los perros de los antiguos samurais, y se cuenta que solo tienen un verdadero dueño, por el cual harían lo que fuera (el perro de la historia de Hachiko era también un Akita Inu).

Llegó el día que me fui de casa de mi madre a vivir solo, quedándose Malko con mi madre. Pronto ambos entablaron un vínculo muy fuerte; nunca se separaba de ella, y eran capaces de comunicarse con únicamente la mirada. Aunque cada vez que yo volvía de visita, Malko saltaba encima mía como cuando era un cachorro (solo que ahora parecía más un oso peludo gigante).

Con 6-7 años, Malko enfermó gravemente y lo llevamos inmediatamente al veterinario. El doctor nos dijo que Malko había sufrido un envenenamiento, probablemente por haber ingerido veneno para ratas de las granjas de los alrededores, y que existía menos del 30% de probabilidad de que sobreviviese el día. Pasé toda la noche en vela sujetándolo entre mis brazos. Recuerdo que a veces incluso paraba de respirar durante 30 segundos para luego seguir respirando muy lento. Yo sentía que mi corazón paraba con el suyo. Para mantenerle despierto empecé a hablarle sin parar, y creo que jamás le he contado cosas tan personales a nadie.

Aun estábamos despiertos cuando empezó a amanecer y Malko se sentía un poco mejor. Esa noche, surgió una conexión entre nosotros y tanto él como yo supimos que nunca nos separaríamos. Mi madre lloraba de alegría; nadie creía que sobreviviría a esa noche.

A día de hoy, Malko es el centro de nuestras vidas (mi madre siempre se refiere a él como su hijo). Aquella noche recé; recé para que se salvara mi mejor amigo, para que no me quitaran al único en el mundo con quien podía ser yo mismo, y gracias a dios mi hermano pequeño sigue aquí conmigo para contarlo.

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