Historias de gatos

Gio

11/09/2020

El día que cumplí mi deseo

Recuerdo que cuando era pequeña, siempre que tenía que pedir un deseo, pedía tener un perro. Además si podía ser un cocker mejor, se ve que tenía ya las ideas claras. Sin embargo, los años pasaron y mi deseo nunca se cumplía, tantos que hasta deje de intentarlo.

Mi madre tenía un vecino al que le encantaban los gatos, tenía hasta 10 en casa! Eran preciosos, y un día nos sorprendió en casa contándonos que había tenido una camada y que solo daría las crias a gente de confianza. Yo, que en mi vida había pensado en tener un gato ya me veía con uno en casa, quizás fue cosa del destino pero mis padres cedieron y a los pocos días teníamos al pequeño Gio con nosotros.

Era un gato himalayo, una raza que mezcla el pelaje del persa y los colores del siames. Se caracterizan por ser alegres, tranquilos e independientes. Esto último era lo que más me gustaba de él, al final era como los humanos, él también necesitaba su espacio.

Le encantaba esperar pacientemente a que mi padre acabase el yogur para chupar la tapa, recibir a mi madre con ronroneos con solo escuchar el ascensor, volverse loco recorriendo la casa en sus noches de caza y rascar la puerta de mi cuarto cuando quería que le abriese para hacerme una visita y sentarse a mi lado.

Recuerdo que me lo dieron cuando yo tenía 15 años y siempre pensaba que hasta los 30 seguro que seguiría conmigo. Sin embargo no fue así, justo ahora tengo 30 y ya no esta Gio con nosotros. Sufría de una enfermedad y no pudimos hacer más de lo que hicimos por él.

Todos lo recordamos siempre con anécdotas y nos encanta hablar de lo bueno que era, siempre decimos que no habrá otro como él. Aún echo de menos llegar a casa y verlo, y es que a pesar de solo estar seis años con nosotros, tendrá un hueco en nuestros corazones para siempre.

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