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Historias de gatos

Historias de gatos

Aco

15/01/2021

Recuerdo cómo saliste de la esquina de la jaula cuando sacamos a Cyo, te daba tanto miedo quedarte ahí solo… pero evidentemente te llevamos con nosotras.

Eras aún más pequeño que tu hermano, y dios, que cambio has dado.

Un pequeño macarra que se dedica a coger cosas y salir corriendo, unos cascos, un juguete… y cómo te gusta que vayamos detrás para que te hagamos caso😂.

Creo que el momento que no olvidaré contigo es estar haciendo la cena, abrir el taper con los filetes y ver de reojo una cosa negra y blanca yéndose pitando… Te estabas llevando un filete!!! Y encima te estaban Cyo y Dom esperando🤦🏻‍♀️.

A pesar de todas estas trastadas que haces, te quiero muchísimo, siempre vas a ser el pequeñajo de la casa, el pequeño Indiana Jones, el que siempre sale a recibir a perro o persona que entre a casa.

Te quiero mucho. ♥️

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Cucho

01/01/2021

Mi nombre es Cucho, soy un precioso bosque de Noruega, que en el verano del 2019, vine al mundo.

Aparecí en una colonia junto a mi hermanito, en principio pensaron que éramos hijos de algunas de las muchas gatas que en esa época había por la zona, pero cada vez tenemos más claro que nos debieron abandonar. Mi hermano, sufrió las consecuencias de vivir en la calle y un día perdió la vida ya que fue atropellado por un coche, pero desde entonces sé que cuida de mí desde el otro lado del arcoíris.

Viví seis meses en la calle, como atestigua el corte que tengo en mi oreja izquierda y que nos hacen para tener controlados a los que ya nos han esterilizado. Es una marca que luzco con orgullo porque demuestra lo malos que pueden llegar a ser algunos humanos que nos abandonan y lo buenos que pueden ser otros que nos alimentan y nos buscan un hogar.

Un día mi humana vio una foto mía, enseguida se interesó por mí y vino a conocerme. Todo el mundo le decía que sería complicado porque al haber estado tanto tiempo en la calle a lo mejor no me iba a adaptar a vivir en un hogar.

El día 1 de enero fui rescatado, aunque mi humana dice que la rescatada fue ella. Desde que llegué no paraba de lamerla y amasarla, mi deseo de encontrar un hogar se había hecho realidad.

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Dobby

04/12/2020


Hace algo más de año y medio mi humana estaba triste por la pérdida de un familiar, no tenía trabajo y se sentía muy sola.
Una amiga hacía adoptado a una gatita y mi mami fue a conocerla.

Ella nunca había sido de gatos, le daban miedo y desconfiaba. Cuando vio a esa cosita tan pequeña, se enamoró.

Mi humana vive con su madre y a ella no le gustaban los animales, pero insistió tanto en adoptar un minino que acabó aceptando.


Menos de un mes después vio un anuncio de una persona que tenía una camada de gatitos y no podía mantenerlos. Le mandaron fotos mías y supo que era yo.

Había visto mil fotos de muchos gatitos buscando hogar, pero al verme a mi, supo que era yo.

A la semana siguiente me recogió. Tenía transportin, cama, manta, comedero, arenero… Lo tenía todo listo para mi llegada.
Ahora, año y medio después tiene que vivir en otra ciudad por trabajo y yo vivo con la abu, que me quiere con locura.
Y ahora no sabe como ha podido vivir tanto tiempo sin gato

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Cyo

20/11/2020

Cyo, la mayor suerte de mi vida.

Recuerdo ir a la perrera con la intención de sacar a un gatete adulto y negro por todos los prejuicios que se tienen sobre ellos. Pero, de repente, comencé a escuchar unos llantos y no me pude resistir a ver qué era, se asomaba una pequeña bolita negra enganchada a un barrote. Recuerdo cogerte y ver como solo ocupabas mi mano, un mesecillo tenías.

Recuerdo verte defendiendo a tu hermano Aco, del cual no pudimos separarte.

Eres un gato miedoso, cualquier ruido fuerte te espanta, y te cuesta desenvolverte de primeras que las personas, pero como te toquen el lomo uf… te quedas ahí dos horas.

Adoro como me vas siguiendo por toda la casa, maullando y ronroneando, pidiendo mimos, como si estoy enferma te quedas conmigo toda la noche, como quieres a Dom, esa cola que tienes que baila cada vez que andas.

Siempre me han dicho que los gatos negros dan mala suerte, que ni se me ocurriera tener uno… A esa gente puedo decirle que no he tenido mayor suerte en mi vida que encontrarle a él.

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Akira

06/11/2020

¿Cómo llego Akira a nuestra vida?

Akira llegó cuando menos nos lo esperábamos. Un día cualquiera de Octubre del año pasado fuimos al campo de unos amigos a comer; allí siempre suelen haber gatitos de todos los tamaños. Dio la casualidad que ese día solo había uno pequeñito, alrededor de unos 3/4 meses. Era el único que se acercaba a nosotros para que lo tocáramos y sobre todo le diéramos comida. Fue así como poco a poco se acercó más y más a papi y mami.

Lo veíamos tan pequeñito y con la mirada perdida. Los otros gatos grandes le quitaban la comida y se peleaban , estaba solo y se veía que lo había pasado mal.

Al final lo cogimos para llevarlo a casa, aunque con más miedo que cuando llevamos a Garfield. Akira no era un cachorro (al principio creíamos que era hembra por eso le pusimos ese nombre, aunque también es unisex) es decir, sería un macho más en casa.

Cuando llegamos, ni Garfield ni Daga sabían que veníamos con sorpresa…

La llegada fue buena y la hicimos poco a poco . Daga estaba súper contenta por uno más pero Garfield estaba alerta y no muy confiado. Nos costó varios días dejaros a los 3 solos, hasta que Garfield y Akira cogieron más confianza. El carácter de Akira es más fuerte en cuando a manejo que el de Garfield, al principio fue muy dominante hasta que a día de hoy se pasan el día jugando, saltando, corriendo y durmiendo juntos… y con Daga también .

Akira es más comilón que Garfield (que ya es decir) y más tranquilo y cariñoso, le gusta mucho estar en el castillo rascador que tienen. Son gatos diferentes pero se complementan .

Hemos tenido mucha suerte porque ninguno de los dos ha roto nada en casa. También hemos tenido paciencia enseñándoles donde tienen que rascarse las uñas y acostumbrados están a qué se las cortemos. Son muy inteligentes.

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Garfield

23/10/2020

¿Cómo llego Garfield a nuestra vida?

Queríamos que Daga tuviera un hermano gatuno con el que jugar y que fuera su acompañante en casa , ya que Daga siempre que veía a un gatito por la calle quería jugar con él y acercarse.

Llegó un día , que sin planearlo , nos dijeron que había unos preciosos que buscaban familia, obviamente no nos pudimos llevar a todos pero elegimos a 1 . Ese uno era él , Garfield, tan pequeñito… tenía semanas de vida. ¡Fue amor a primera vista! Nos dijeron que nos teníamos que esperar a que dejara de mamar para poder traerlo a casa ; incluso nosotros tuvimos que hacerle el paso de la leche a la comida blanda y de ahí a pienso.

Antes de que Garfield viniera a casa lo llevamos al veterinario a que le hicieran la primera revisión, abrieran la cartilla y vieran que todo está bien.

Cuando llegamos a casa con Garfield en una mantita azul que nos dieron en el veterinario, Daga estaba súper contenta porque sabía que venía un miembro más a nuestro hogar y la primera impresión fue mejor de lo que creíamos (teníamos miedo por la reacción de ambos; sobre todo la de Garfield).

La suerte que tuvimos es que era tan pequeñito que se ha criado con ella , la ha considerado hasta su mami y a día de hoy son inseparables. Eso hace que seamos taaaan inmensamente felices de romper algunos mitos de que los gatos y los perros no se llevan bien. Tan solo, en nuestro caso, las fotos juntos hablan por sí solas.

Garfield se caracteriza por su habilidad a la hora de moverse, saltar, correr, jugar… Es muy travieso , dormilón, tranquillo y cariñoso. Siempre duerme con nosotros sea invierno o verano. Le gusta comer de todo.

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Jonsy

09/10/2020

Mi primer gato

Jonsy llegó a mi vida cuando tenía 12 años y se fue cuando yo ya tenía 31. Era una preciosa gata siamesa con unos increíbles ojos azules y muy mala leche. Era la gata más bonita del mundo y, para mí, como hija única, era lo más parecido a una hermana. Jonsy vivió mi edad del pavo, celebró conmigo cuando aprobé la selectividad, también cuando terminé la carrera. Estuvo conmigo cuando me rompieron el corazón y también vino a conocer mi casa cuando me tuve que ir a vivir a Madrid.

Ahora, cada vez que entro en mi casa de Bilbao sigo mirando al suelo como si fuera a aparecer y saludo a las cenizas que están en el comedor. La casa de mis padres también era la casa de Jonsy.

Jonsy fue mi primera gata y nunca la voy a olvidar. Gracias a ella, establecí un vínculo increíble con los gatos y es por esa razón por la que cuando pude vivir sola en Madrid decidí adoptar un gato. Digo uno porque yo solo iba a adoptar a un gato y acabé con tres pero esa es otra historia. No entiendo mi casa sin gatos, son mi alegría, mi debilidad, me encanta su ronroneo y me encanta todo el cariño que me dan cada día, me encanta su indiferencia y su elegancia… Me gustan los animales pero amo a los gatos.

No puedo acordarme ni pensar en Jonsy sin que se me caigan las lágrimas a día de hoy. La quería tanto… Mi madre, lo sufrió muchísimo, para ella era todo un apoyo. Yo ya no estaba en casa y Jonsy la hacía muchísima compañía. Murió de viejita con 19 años.

Jonsy tenía muy mala leche, no dejaba que nadie que no fuera de la familia la tocara. Era una gata grande, de esas que si no estás acostumbrado te puede dar hasta miedo. Cuando dormía conmigo me quitaba la almohada y me arañaba si intentaba recuperarla. Cuando estudiaba y me levantaba un momento me quitaba la silla de estudio y acababa sentada en un incómodo taburete. A veces se sentaba en los apuntes mientras estaba estudiando. Jugábamos al escondite por casa y con pelotitas pequeñas que acaban desapareciendo.

Cuando comíamos había que sacar una banqueta para ella, tenía su sitio y su silla y nunca se subía a la mesa. Le gustaba salir a la terraza los días que hacía bueno y se tiraba horas allí viendo la calle al sol. Eso sí, cuando hacía frío no tardaba en volver a entrar ni un minuto.

A veces acorralaba a mi madre en la cocina que la amenazaba con darla con la zapatilla, como si ella la entendiera, era muy divertido. Cuando mi padre la llamaba siempre acudía.

Aprendí mucho sobre gatos con ella, a día de hoy sigo aprendiendo. Cada gato es diferente, único y ella siempre será la más especial porque fue la primera y porque aún me duele el alma que se haya ido.

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Baguira

25/09/2020

Adoro a mi gato. Su pelo negro, su rabo raro, sus ojos que escudriñan mi alma.

Baguira (Bagheera) llegó a casa hace 13 años, con sólo unos días. Pitu la gatita siamesa de mi tía abuela tuvo gatitos con “un Isidoro” (como llamaba ella a los gatos callejeros que la rondaban). Los años de chantaje emocional dieron sus frutos y mis hermanos y yo conseguimos que mis padres aceptaran adoptarlo. Tan pequeñito, negro como la noche y con su rabito partido (por el cruce entre sus padres) fue entrar por la puerta y conquistarnos a todos.

Buscamos nombres en nuestra infancia: Salem como en Sabrina, Bola de nieve como en Los Simpson, Snorkel por su rabito y uno de nuestros favoritos; Rayo Cósmico, como el gato de La Bruja Novata. Pero finalmente mi hermana lo vio claro, sería como una pantera cuando creciera por lo que teníamos que llamarlo Baguira, como en El libro de la selva.

Dicen que los gatos eligen a su “humano” y él lo hizo nada más llegar: mi padre. Recuerdo el día que nos dimos cuenta de aquello y la cara de horror de mi madre cuando cazó por primera vez un pájaro y se coló en su habitación, para dejarlo sobre su lado de la cama a modo de ofrenda.

Todos los días se sienta detrás de la puerta cuando presiente que es la hora de llegar de trabajar, le maúlla como si le hablara, respondiendo a cada pregunta que le hace. Me encanta cuando se sube encima de él para que lo acaricie, siempre le digo que parece Vito Corleone en El Padrino.

Cada mañana cuando se despierta, Baguira recorre cada habitación de la casa observándolo todo como la primera vez, asegurándose de que nada ha cambiado durante la noche. Es tranquilo, observador y cariñoso, cuando quiere. Necesita su espacio, como cualquiera de nosotros, pero también nuestro calor.

No le gustan los juguetes, he perdido la cuenta de los que mi hermana le ha comprado; los mira con curiosidad, se da la vuelta y busca la caja. Él es feliz con un cartón o incordiando a mi hermano, cada vez que se levanta, le quita el sitio, mi hermano se mosquea y él parece reírse. Por supuesto, se queda con el sillón y mi hermano se va a una silla. Es su juego, son sus reglas, igual pasa cuando mi madre tiende, recoge o hace las camas con las sábanas, no para de perseguirla y jugar.

Es tan inteligente que a veces siento como me mira con condescendía; sí tal cual, y se que piensa: “eres muy tonta”, cada vez que intento sin éxito que haga algo. Por eso me da la impresión de que él es el que nos ha adoptado a nosotros y cuenta los días entre humanos, estudiando nuestras actitudes. Cuando estábamos todos en casa y teníamos alguna pelea, él mediaba: llamadme loca, pero lo hacía. Se ponía muy nervioso y maullaba fuerte, como regañándonos, incluso nos daba con la patita. Aún me impresiona ver que cuando nos juntamos algún fin de semana y debatimos sobre política o hablamos más alterados de la cuenta, piensa que peleamos y nos regaña.

Nos eligió y nos ha enseñado a ser mejores. Sólo espero que siga muchos años más a nuestro lado llenando de felicidad nuestros días.

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Gio

11/09/2020

El día que cumplí mi deseo

Recuerdo que cuando era pequeña, siempre que tenía que pedir un deseo, pedía tener un perro. Además si podía ser un cocker mejor, se ve que tenía ya las ideas claras. Sin embargo, los años pasaron y mi deseo nunca se cumplía, tantos que hasta deje de intentarlo.

Mi madre tenía un vecino al que le encantaban los gatos, tenía hasta 10 en casa! Eran preciosos, y un día nos sorprendió en casa contándonos que había tenido una camada y que solo daría las crias a gente de confianza. Yo, que en mi vida había pensado en tener un gato ya me veía con uno en casa, quizás fue cosa del destino pero mis padres cedieron y a los pocos días teníamos al pequeño Gio con nosotros.

Era un gato himalayo, una raza que mezcla el pelaje del persa y los colores del siames. Se caracterizan por ser alegres, tranquilos e independientes. Esto último era lo que más me gustaba de él, al final era como los humanos, él también necesitaba su espacio.

Le encantaba esperar pacientemente a que mi padre acabase el yogur para chupar la tapa, recibir a mi madre con ronroneos con solo escuchar el ascensor, volverse loco recorriendo la casa en sus noches de caza y rascar la puerta de mi cuarto cuando quería que le abriese para hacerme una visita y sentarse a mi lado.

Recuerdo que me lo dieron cuando yo tenía 15 años y siempre pensaba que hasta los 30 seguro que seguiría conmigo. Sin embargo no fue así, justo ahora tengo 30 y ya no esta Gio con nosotros. Sufría de una enfermedad y no pudimos hacer más de lo que hicimos por él.

Todos lo recordamos siempre con anécdotas y nos encanta hablar de lo bueno que era, siempre decimos que no habrá otro como él. Aún echo de menos llegar a casa y verlo, y es que a pesar de solo estar seis años con nosotros, tendrá un hueco en nuestros corazones para siempre.

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Noisette

26/08/2020

Cuando tenía 11 años, la gata de mi vecina se quedó embarazada y tan pronto como los bebés nacieron iba a verlos todos los días. Eran tres; dos gatos y una gata. Uno de los machos tenía el cuerpo negro y la carita marrón, lo llamábamos Caramelo, y el otro, cuyo nombre no recuerdo, dormía todo el rato. La gata tenía cola de zorro y ojos verdes. Decidí llamarla Noisette (Avellana) y adoptarla.

Me costó mucho convencer a mis padres. Sobre todo, a mi padre… Cuando pude llevarla a casa, la escondí durante tres días en mi habitación y al cuarto día se escapó para esconderse bajo el edredón de la cama de mis padres, mi padre casi tuvo un infarto cuando vio la bolita. A partir de entonces, la adoptamos entre todos.

Pasé los siguientes diez años durmiendo con ella, preocupándome cuando no volvía a casa, dándole un millón de besos cuando volvía de clase.

Al tomarle una foto en 2016, me di cuenta de que tenía una bolita en la pata, llamé enseguida al veterinario y me dijo que no era gran cosa y que no debíamos preocuparnos, pero un año más tarde esta bolita se hizo cada vez más grande, así que intentamos varias cosas hasta que no pudimos hacer nada más.

Ese año me fui al extranjero, mi madre me advirtió en febrero que la gatita no estaba bien y que esperaba que de un día para otro no se despertara, pero al final vivió hasta julio.  Mi madre dice que me esperaba, que dormía en mi cama todos los días.

Cuando llegó el momento de dejarla ir, nunca tuve el corazón tan roto, fue una de las cosas más difíciles que tuve que hacer. Unos días después, recibí una llamada del veterinario pidiéndome que volviera a la clínica, no entendía para qué y entonces me dio una pequeña caja. Había hecho una huella de la pata de mi gata para que pudiera tener un recuerdo de ella.

Fue un detalle muy bonito, la tengo guardada para siempre.